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Proyecto de Innovación Docente INVOCO (2017) Destacado

 

INVOCO - Inteligencia, Voluntad y Corazón - es un Proyecto de Innovación Docente de EUM Fray Luis de León, vinculado a la asignatura de Antropología. Los objetivos de este proyecto son tres: ofrecer a los estudiantes de primer curso magisterio la posibilidad de conocerse a sí mismos como maestros, de conocer la pedagogía de Tomás Morales y de conocer a los niños de 3º a 6º de Educación Primaria. Y todo ello, antes de que comiencen su primer practicum. El proyecto, en el que participaron los alumnos voluntariamente, se realizó en tres sábados del primer cuatrimestre de 2017-2018, de 16 h a 20:30 h en el Colegio SAFA-Grial (C/Guadaleta, 2). De 16 h a 17 h, los alumnos de EUM Fray Luis de León asisten a un coloquio, en el que, tras una breve exposición sobre un aspecto concreto de la pedagogía del esfuerzo de Morales, reflexionan sobre cómo llevarlo a la propia vida, y cómo llevarlo a los niños. De 17 h a 20 h realizan un itinerario de actividades con los niños destinadas a formar las tres dimensiones que dan nombre al proyecto; y de 20 h a 20:30 h participan en una asamblea en la que intercambian impresiones, valoran lo que han vivido y reflexionan sobre cómo mejorar en la próxima ocasión. Posteriormente, los alumnos de magisterio deben entregar una breve memoria en la que ponderan aún más - esta vez en silencio, consigo mismos - lo vivido. De esta manera, INVOCO ayuda al futuro maestro a enseñarle algo que no pueden adquirir sólo con los libros: reflexión, espíritu combativo y constancia, envueltos en un ambiente de exigencia. Todos ellos, puntos cardinales de la pedagogía de Tomás Morales. A continuación, exponemos dos memorias realizadas por las alumnas Irene Pérez Marcos y Carmen Vallejo López tras sendas sesiones.  


MEMORIA DE IRENE PÉREZ MARCOS (28/10/2017) 


El proyecto INVOCO del día 28 comenzó a las 16:15. Bajamos a la sala de manualidades y estuvimos leyendo y reflexionando sobre un apartado del libro Forja de Hombres, escrito por el Padre Tomás Morales, el cual escribió la pedagogía en la que se fundamenta el proyecto INVOCO.

Llegamos a la conclusión de que la reflexión sirve para pensar las cosas antes de hacerlas para poder hacerlas bien y sacar conclusiones. También llegamos a la conclusión de que para reflexionar hay que estar en un ambiente tranquilo y sin ruidos, para poder concentrarnos en el interior de nuestra persona. Por eso, es bueno tener un par de minutos al día de reflexión para saber conocernos a nosotros mismos desde dentro, para saber cómo actuar y hacer un balance del día.

A las 17:00 recibimos a las niñas, pasamos lista y nos fuimos al patio a jugar. Mi compañera Rocío era la encargada de preparar los juegos y decidió calentar con un juego que consistía en correr con las manos en las rodillas para pillar al resto. Después, nos dividió en dos equipos para jugar al pañuelo. Más tarde, jugamos a “puntos” y por último, jugamos con el paracaídas.

Cuando ya era hora de merendar bajamos todas a por nuestras meriendas y subimos a comerlas sentadas en un círculo mientras hablábamos. Se nos ocurrió que para que hablasen un poco y se rieran, podíamos jugar a contar chistes, y una por una, cada niña fue contando un chiste que se sabía hasta que terminamos de merendar.

A las 18:15 tocaba hacer la célula. Hicimos dos grupos. En uno estaba Inés con las más pequeñas y en el otro estábamos Rocío y yo con las mayores. Leímos el texto Un muchacho inteligente: Alfredo, que trataba el tema de la superación. Al principio, las niñas no sabían de lo que hablaba el texto, pero poco a poco y con un poco de ayuda supieron decir lo que significaba la frase “Puedo dormir en un día de tormenta” y lo que implicaba la superación. Las niñas entendieron que la superación implica mirar siempre hacia delante, aunque las cosas no salgan como queremos, intentar hacer las cosas lo mejor que podamos y competir por nosotros mismos.

La actividad de la cual me encargaba yo, estaba relacionada con la superación. Trataba de hacer una especie de medalla con papeles de colores. Tenían que tener presente durante la semana esta medalla, y cada vez que algo no les saliese bien, mirar la medalla y pensar “Yo puedo hacerlo”. Así trabajarían el tema de la superación. Repartimos cartulinas de colores y explicamos cómo se realizaría la actividad, según fuimos avanzando me di cuenta de que la cartulina era demasiado rígida para hacer la medalla y volvimos a intentarlo con papeles de colores. Algunas niñas necesitaron ayuda para doblar los folios en particiones pequeñas, pero en cuanto vieron de cerca cómo se hacía supieron hacerlo.

Casi cuando la actividad había finalizado y solo quedaban dos niñas por pegar la última parte de la medalla, las niñas se dieron cuenta de que, a una niña, le faltaba una parte y empezaron a decir que había hecho mal la medalla. La pequeña se puso a llorar ante estos comentarios, pero supimos manejar la situación, y la niña dejó de llorar cuando vio que la pieza que faltaba se hacía rápidamente y podía arreglar su medalla.

Después de terminar las medallas, subimos a la capilla, donde la maestra que estaba con nosotras habló sobre los mandamientos. Las niñas participaron respondiendo a las preguntas que la maestra les hacía. Luego, rezamos unas oraciones y salimos de la capilla haciendo la genuflexión.

Llegaron las 20:00, las niñas se fueron a casa y nosotras nos quedamos para reflexionar y comentar cómo había ido la sesión.

MEMORIA DE CARMEN VALLEJO LÓPEZ (25/11/2017)


El día 25 de noviembre fuimos Gonzalo, Irene, Lourdes, Elena, Fernando y yo a realizar una sesión del Proyecto INVOCO. Ese día era algo distinto al resto de días, porque a las 18:30 teníamos que salir del colegio SAFA-Grial para dirigirnos a la Iglesia de las Claras: la televisión iba a retransmitir la mañana del domingo la misa de las 19:00 en cuya celebración participaríamos.

Al comienzo, estuvimos leyendo el libro de Tomás Morales “Forja de hombres”. Empezamos por la página 207, en la que aparecía el nombre del capítulo: “Escuela de constancia”. Comenzó leyendo Gonzalo y estuvimos hablando de la necesidad de troquelar la voluntad, yendo contra el capricho y la superficialidad.

Luego, pasó a leer Fernando y estuvimos diciendo que la primera cualidad de un maestro es la paciencia. Estábamos todos de acuerdo. Además, dijimos que era lo que ya habíamos hablado el otro día en clase de Teoría e Historia de la Educación: también la profesora, Paloma, nos había dicho que la paciencia era la cualidad más importante de un maestro. Asimismo, vimos que existe mucha diferencia entre un niño nacido en diciembre y otro en enero del mismo año, y que hay que tener en cuenta esas diferencias aunque parezcan irrelevantes. Somos responsables de su aprendizaje, pero al mismo tiempo, tenemos que tener en cuenta estas cosas y entenderlas.

Lourdes leyó una parte que empezaba con “una objeción”: en vez de exigir a los jóvenes que fueran responsables, quizá habría que impedirles que hicieran ciertas cosas porque cometerán “imprudencias de jóvenes”. Pero, esa objeción se vence, según el Padre Morales, poniendo al joven en situaciones de las que pueda salirse, dejándole hacer esas cosas y que aprendan de esa manera. Luego leí unos ejemplos que el Padre Morales se había encontrado en su vida personal y que ponían en evidencia que a las personas que hacen las cosas con voluntad les va mejor, ya que dedican esfuerzo a lo que quieren y acaban consiguiéndolo.

Siguió Elena leyendo la parte del libro en la que más dialogamos y respecto a la que quizá teníamos más discrepancias entre nosotros. Ello se debía a que el libro aseguraba que los jóvenes de hoy en día son mucho más débiles a la hora del esfuerzo que le dedican a algo o a la continuidad que le ponen a los trabajos u obligaciones, tanto de estudios como del hogar o familiares. Yo dije que generalizar no es muy preciso y que como en todas las épocas, en la de nuestros abuelos o en la de nuestros padres, siempre habría personas que no harían nada o a las que les costase más ponerse con sus obligaciones, al igual que hoy en día existe el típico “vago”. Pero también hay muchos otros jóvenes que se lo trabajan día a día, que estudian carreras, oposiciones… que no es nada sencillo y que requiere de ellos responsabilidad, esfuerzo y saber priorizar… chicos que se tienen que ir del país por las escasas oportunidades que existen en España de trabajo. Seguramente en épocas anteriores también habría gente así de trabajadora y gente menos aplicada, al igual que ahora. En mi opinión, depende de las personas. Lourdes sí que opinaba que era verdad que los jóvenes de hoy día están menos preparados para el esfuerzo en general. Acabó leyendo Irene.

Luego las chicas y los chicos nos separamos y nosotras fuimos a jugar con las chicas a dos juegos. En el primero hacíamos un círculo y una se ponía en el centro con una pelota y decía un tema, por ejemplo “comida”, y se lo pasaba a una de las que estaba en el círculo y, así, nos lo íbamos pasando diciendo platos de comida hasta que una repetía algo que ya se había dicho y esa persona se ponía en el centro, elegía otro tema y continuaba. A continuación jugamos a “la cadena”. Una de nosotras se la quedaba y tenía que pillar al resto y así ir formando una cadena de personas.

Por último, con las chicas hicimos un postre. Irene se encargó de traer la receta. Unas lo hicimos de chocolate blanco y otras de chocolate con leche. Seguimos las instrucciones del papel y se las íbamos explicando a las niñas. Metimos la mezcla en el microondas y se hicieron los bizcochitos. Y como ya eran las 18:30 recogimos un poco todo y fuimos con las niñas y niños por la calle hasta la iglesia. Nos sentamos cada uno de nosotros en los bancos con los niños para que se portaran bien durante la misa y la verdad es que estuvieron muy tranquilos, sin hacer mucho ruido. Y eso que nos estaban grabando las cámaras para la televisión de Castilla y León, (nos dijeron que lo emitirían el domingo a las 10:00 de la mañana). Salimos de la misa a eso de las 20:00 controlando a los niños por la calle, con el fin de que no se despistaran mucho y llegamos otra vez al colegio. Cogieron sus abrigos y algunas niñas cogieron también el bizcocho (lo habían guardado para sus padres).

Precisamente esto es algo que me pareció bastante curioso y bonito: me preguntaron dos niñas que si podían dejar un trozo de bizcocho para sus padres, porque estuvo muy bien que se acordaran de ellos.

Y ya por último acabamos de recoger entre todos la cocina, acabamos de fregar los cubiertos que habíamos utilizado y nos reunimos un poco para la reflexión final. Todos dijimos que los niños se habían comportado muy bien en la iglesia y que a las niñas les había gustado la idea de hacer de vez en cuando un postre, en vez de la manualidad.

Como conclusión propia del día, decir que fue un día muy tranquilo, hubo menos niñas y niños que de lo habitual, pero se lo pasaron muy bien por lo que nos dijeron. La experiencia de ir a la misa y que nos grabasen me gustó, ya que era algo nuevo y curioso y creo que salió bastante bien. Y mi opinión del proyecto INVOCO en general, porque este sería mi último día, es que me ha encantado la experiencia. Me he puesto en situaciones en las que de otro modo no hubiese podido verme. He podido comprobar qué es lo que mejor que se me da a la hora de tratar con grupos de niños y preparar actividades para ellos, y también he visto lo que me cuesta más, que en mi opinión es también muy importante para tener claro qué es lo que debes mejorar para la próxima vez. También viendo a mis compañeras te das cuenta de cómo cada una nos expresamos con los niños y aprendemos unas de otras. En general, ha sido una experiencia muy positiva para formarme como futura maestra y como persona.

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