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Un día del Proyecto ESQUILIA (Febrero / Mayo 2018) Destacado

  • Escrito por  Irene Pérez

 

 

El proyecto ESQUILIA, que se desarrolla durante los sábados por la tarde en el Colegio Safa-Grial, tiene como objetivos los siguientes:

·     Conocer la concepción de la familia desde el punto de vista del magisterio de la Iglesia.

·     Seguir conociendo la psicología de los niños y niñas de 6ª 12 años (en nuestro caso, el de las niñas)

·     Conocernos a nosotros mismos, pero en relación con las familias de los niños.

A diferencia del proyecto INVOCO, en ESQUILIA debemos interactuar con las familias de los niños a los que impartimos el taller. Esto nos preparará para dejar a un lado la timidez cuando en un futuro tengamos que hablar con los padres de nuestros alumnos.

Durante la jornada del día 21 de abril, el tema que tratamos en la reunión preparatoria fue: ¿cómo aplicar el hacer-hacer en familia?

Hacer-hacer significa dar responsabilidades a alguien, ya que es la mejor manera de educar la responsabilidad. El Padre Morales decía que algunas personas lo criticaban debido a que encargaba responsabilidades a los jóvenes con la finalidad de educar su responsabilidad.

La dificultad de esto es que es más fácil trabajar como diez que hacer trabajar a diez. En mi opinión esto es cierto, ya que si el trabajo lo realizas tú mismo verás menos fallos que si otros hacen el trabajo por ti, pero en esto radica el hacer-hacer. En dejar al joven que actúe para que asuma responsabilidades, pero sobre todo el riesgo de equivocarse y poder enmendar su error.

Para aplicar esto a la familia hay varias claves:

1. El hacer-hacer implica no desentenderte de tus hijos, hay que afrontar la educación desde el primer momento

2. El hacer-hacer implica exigencia, acostumbrar al niño con suavidad a una disciplina, porque de esa manera lo estamos preparando para el fracaso.

3. Acción, implica “prohibido aburrirse en verano”, el niño tiene que emprender obras por su cuenta.

4. Implica generosidad. Hay que acostumbrar al niño a compartir juguetes y tiempo con los hermanos y amigos.

5. Implica educar en la responsabilidad. Padre y madre reparten tareas y controlan desde lejos. El niño no ha de sentirse observado, ya que así será capaz de efectuar la tarea con mayor libertad.

6. Hacer-hacer ha de implicar corregir, pero hay que saber corregir un defecto dominante, porque los defectos se corrigen lentamente.

 

Después de estas pequeñas pautas tuvimos un pequeño debate sobre las libertades que tienen los niños de hoy en día y sobre cuál sería la mejor solución. Como ya dije, la mejor solución para mí sería educar al niño “con una de cal y otra de arena” para que el niño aprenda que si respeta las normas impuestas podrá conseguir lo que propone, pero todo dentro de unos límites y con unas consecuencias, si estos no se cumplen.

El tiempo pasó muy rápido y las niñas llegaron con sus familias. Había llegado el momento que todas temíamos: enfrentarnos al momento de interactuar con las familias. Abrimos la puerta y salimos, ninguna nos decidíamos a dar el primer paso y acercarnos a hablar con las familias, así que me armé de valor y me acerqué a un padre. Intenté hablar con él, pero por la razón que fuese no tenía muchas ganas de hablar y dejé que la niña entrase para que él pudiese marcharse.

Cuando todas las niñas estuvieron dentro fuimos al gimnasio a jugar a varios juegos. Primero para calentar jugamos a “la araña peluda”, seguidamente jugamos a “sangre” y a “puntos”, y para terminar todas juntas saltamos a la comba.

Después merendamos todas juntas en la sala de las manualidades, y cuando todas habíamos terminado, a las 18:15h empezamos la célula.

Las monitoras nos dividimos por parejas y dividimos a las niñas en grupos de tres y de cuatro, cada grupo nos fuimos a un sitio para poder reflexionar tranquilamente.

Pedimos a las niñas que leyeran el texto. Trataba sobre el Angelito Perico y el valor del orden y la paciencia. Preguntamos a las niñas si para ellas era mejor una habitación ordenada en la que siempre sabías dónde estaba cada cosa o una habitación en la nunca podías encontrar nada. Las niñas dijeron que era mejor la habitación ordenada.

Les pedimos que hiciesen una lista de objetos y el sitio en el que debían estar. Con este ejercicio las niñas entendieron que dejando cada cosa en su sitio podían ahorrar tiempo en recogerlas más tarde y dedicar ese tiempo para ir al parque, jugar o ver la tele.

Después de la célula llegó el momento que todas las niñas estaban esperando, el momento de ponernos manos a la obra con el “slime”.

Preparamos todo y empezaron a mezclar los ingredientes, alguna niña con más paciencia que otra. Poco a poco los “slimes” fueron saliendo, y los que no salían intentábamos arreglarlos o los repetíamos. Me sorprendió mucho la reacción de Saray al ver que a sus compañeras no les salía y se ofreció a ayudar.

Cuando terminamos, las niñas limpiaron la mesa y fuimos hacia la capilla. Carmen Nieto y Cristina Palmero hablaron a las niñas de los valores que nos enseña la Virgen y las niñas leyeron sobre ellos, leyeron sobre la honestidad, la esperanza, el amor…

Finalmente, la jornada había terminado, subimos con las niñas y ellas nos presentaron a sus padres, de esta manera fue más fácil interactuar con ellos. Hablé de cómo habíamos hecho el “slime” y de que ahora que la niña había aprendido a hacerlo podía enseñar a su hermano.

Una vez que todos los padres se fueron volvimos a bajar para reflexionar acerca de la jornada, y nos dimos cuenta de algunos aspectos que habíamos comentado en el debate inicial.

Dimos por finalizada la jornada y volvimos a nuestras casas a esperar hasta la siguiente.

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